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LUFTHANSA DEBE MEJORAR SU USANZA
Ninguna línea de aviación, por más prestigiosa o poderosa que sea, ni tampoco por más pequeña que sea, se puede dar el mezquino lujo de mandar a volar un avión de mínima o máxima envergadura, portando más de 140 pasajeros a bordo, con apenas sólo un piloto de mediana experiencia y un copiloto con apenas 630 horas de vuelo en 20 meses, es decir, con las justas, una hora al día durante sólo un año y ocho meses, una práctica, que aún para ser taxista es insuficiente en Londres. Había que intuir una tragedia. De haber sabido de esa tripulación, yo no hubiera sacado mi pasaje en esa línea, y si hecho la denuncia. La tragedia que ha sucedido es casi un crimen de lesa humanidad, por muchas causas directas y coyunturales. Y esto va para todas las líneas de aviación comercial, cuyos fines son el lucro. La tragedia del 11-S fue el principio y debe ser el fin. Ningún avión con pasajeros puede ni debe despegar sin poseer toda la parafernalia moderna aeronáutica informática actualizada y activa permanentemente, para desde evitar un atentado terrorista hasta su contención; desde afuera o dentro de la nave, por parte de o desde la tripulación o sus pasajeros. Es justo y necesario. Nadie puede comprar un pasaje que lo lleve directo a la muerte. Ningún familiar de un pasajero puede vivir horas de tensión mientras sepa que su ser querido está volando sin saber a ciencia cierta que llegara sano y salvo a su destino. Los análisis psicofisiológicos, que supongo se le hicieron, su historia clínica, sus percances como estudiante, sus antecedentes de tratamientos médicos, y la hoja de vida del copiloto, incluido su quiebre en los propios estudios frustrados para laborar en aeronáutica, dan un resultado que es casi implícito: • ANDREAS LUBITZ: INESTABLE. DEPRESIÓN CONCOMITANTE: NO APTO PARA VOLAR, NI COMO PASAJERO. ¿Cómo ha podido ser posible que el personal científico, médicos, para médicos, psicólogos, fisiólogos, neurólogos, oftalmólogos, oculistas, optómetras, etc., estos u otros que, internamente y obligatoriamente pudieron y debieron haber examinado exhaustiva y fehacientemente al postulante, a la delicadísima función de piloto de aviones de pasajeros, don Andreas Lubitz, no hayan podido detectar durante sus exámenes y análisis el estado depresivo agudo, y hasta alguna falencia visual, del examinado?, ¿teniendo este notorios antecedentes de tan evidente dolencia psíquica, además, muy fácil de descubrir con una aguda y perspicaz entrevista por parte de un experimentado psicólogo? Haberle dado el Visto Bueno al infeliz Lubitz, seguro por haberse granjeado alguna simpatía, creo que ha sido un gravísimo error. En todo caso inadmisible, por parte de los directivos del Departamento de admisión de la compañía de aviación, que no fueron lo suficientemente acuciosos e inquisitivos en su labor para descubrir a un paciente de baja perfectamente simulador de hallarse en perfectas condiciones para trabajar como piloto de aviación comercial. LA HOJA DE VIDA DEL PILOTO, PATRICK S., con una larga experiencia de más de seis mil horas de vuelo, no lo habilita, tampoco, para abandonar la cabina de mando de SU NAVE, sin su propia opción de regreso, dejando el avión con SUS 144 PASAJEROS, INCLUÍDOS DOS BEBÉS Y 16 ESTUDIANTES, en las manos y en el cerebro de un inexperto copiloto, del cual no sabía nada, no calculó nada, y si sabía algo, más grave aún. Gran falla. Tampoco sabía el código secreto exterior de desbloquear la puerta de la cabina, si es que lo tenía. Si no lo tenía, o estaba malogrado, gravísima falla. - “Toma el control de la nave, Andreas”- le dijo Patrick y salió de la cabina. Fueron SU orden y acción fatales. NO estuvo justo en el instante preciso, en el lugar justo y preciso, ni al lado justo y preciso, de la persona que justo y precisamente más lo necesitaba, su copiloto. Si él no se retiraba de su asiento, y NO hubiera salido de la cabina, la tragedia jamás hubiera ocurrido, y todos vivieran. Y nadie estuviéramos casi viviendo y sintiendo esta terrible tragedia. El copiloto, enfermo, en estado depresivo agudo, cuasi crónico e imperceptible por bien disimulado, solitario, lo releva, toma el mando del Airbus rumbo a Düsseldorf, sede de la clínica de su tratamiento psiquiátrico, y entonces le acometió más su depresión. ENTRÓ EN PÁNICO. Se le presenta una crisis existencial, se obnubila, no se importa a sí mismo, no se quiere, cree que nadie lo quiere, tampoco él quiere a nadie, basta de mentir, basta de engañarse a sí mismo, y de engañar a otros, no ve nada, no oye nada, no le importa nada de nada, no tiene opción de recapacitar, la vida para él no tiene sentido. Hay que liberarse de esta existencia absurda. Alguien tiene que hacerle caso: el Airbus A320. Ya es SU nave. Es muy dócil, Andreas le da la orden de descenso y comienza a descender. Mira arriba. Se desploma en su asiento y cierra los ojos. Todo está consumado. He ahí el fruto de la mediana experiencia de Patrick, a pesar de sus 10 años como aviador. En todo no sólo hay que dominar el hardware sino, también, el software. Y aquí mueren, también, Sansón y sus filisteos. Los fabricantes de aviones de pasajeros, que deben actualizar todas sus naves en el mercado, porque si no: sus naves han sido vendidas con caducidad de tiempo reducida. Hoy ya son obsoletas, a menos que se les reponga a los compradores nuevas unidades, o por lo menos sean perfectamente acondicionadas ante posibles nuevos percances ajenos al expertize de sus comandantes. Y he aquí la falencia tecnológica del avión. No soy yo el llamado a decirles a los fabricantes de air buses a jets de última generación cuántas formas hay de abrir y o cerrar puertas de cabinas de mando, cuando hay tantas de poder ser bloqueadas y desbloqueadas, desde su interior o exterior, de acuerdo a la situación, sea de emergencia o no. Imagino que deben buscar nuevos códigos secretos activados por voces, pupilas, huellas palmares, dactilares, alfabetos morse usuales y modificados, claves inclusive como las de las cajas fuertes, además de las ópticas, electromagnéticas, radiográficas, televisivas e informáticas de última generación, etc. Desde hace tiempo a esta parte, mucha gente sufre, y sufre desde muchos puntos de vista, el problema de las cajas negras, cuando los aviones se hallan siniestrados o no se encuentran, como es el caso de esta última, la segunda del A320 aun perdida. Este complejo aditamento, cada vez más, se hace obsoleto. Un simple móvil con su GPS es más certero que una sofisticada caja negra, que cuando se la descubre es un milagro, pues es escurridiza, que se encuentra tarde, mal, o nunca; y a veces cuando se le halla a una u otra, está fallada o inservible. Sus ondas electromagnéticas están desfasadas. Sólo un radiotelescopio las podría captar. De repente las antenas de conejo de un televisor si las puede detectar pero dentro de su avión. Es tiempo que ya sus fabricantes se pongan al día y procuren adoptar la tecnología del rastreo en aeronavegación espacial, independientemente de darles una mayor seguridad de resistencia a sus cajas negras, ante los imponderables sucesos que pueden atentar contra su conservación y estabilización perfecta de sus acondicionamientos físicos, de sus materiales de construcción interna y externa, estando entre los más resistentes y recomendables los nano tubos de carbono, como el grafeno y el carbino, los más fuertes en pleno estudio, y probablemente mejores conductores de las ondas electro magnéticas, para su ubicación; o tal vez otras aleaciones de las que se usan en las naves espaciales, que garanticen la recuperación de las vitales informaciones que registran de los sucesos que transcurren durante los vuelos. Finalmente, una recomendación. Ningún avión de pasajeros, en vuelos de mediana a larga distancia, debe despegar del aeropuerto, sin salir, por lo menos con NECESARIAMENTE DOS PILOTOS y DOS COPILOTOS en su cabina de mando, dos de ellos en stand by, activos para los casos de emergencia. Inclusive debe tener esta su piloto automático debidamente funcional, con su línea de vuelo y contacto permanente con las torres de control de partida y llegada. Están proponiendo trasladar hacia atrás la pesada puerta blindada de la cabina de mando para allí hacer la zona de descanso de la tripulación y su baño, sería una barbaridad. Sería hasta probablemente peor. El problema del Airbus A320 se podría repetir, no con los mismos parámetros, pero SÍ FÁCILMENTE: si están proponiendo que sean tres ‘personas’ en cabina (quiénes y haciendo qué): una sola podría dominar a dos, de ser el caso por una u otra circunstancia, ajena a la normalidad del vuelo. Mantenemos nuestra idea: DOS PILOTOS Y DOS COPILOTOS PERMANENTES EN CABINA, con aptitud de reemplazo, uno por uno, para sus requerimientos personales. Esta sugerencia, también, debe plantearse en consenso con la asociación de profesionales y aviadores y otras autoridades del sector. En el futuro les pediremos a los fabricantes que sus nuevas naves aéreas dispongan de control remoto para ordenar a las mismas en inminente peligro su vuelo de retorno a su principal, u otra solución ante la inoperancia de la tripulación de mando. La industria aeronáutica civil va muy retrasada en relación con las naves aeroespaciales, que son fuente de alimentación de innovaciones tecnológicas, habiendo sido superada hasta por los fabricantes de drones. Cualquier persona con dos dedos de frente comprendería los enormes beneficios que tendría la norma de adicionar a la tripulación un piloto y un copiloto secundarios, que no sólo significará mayor garantía a la seguridad de la vida de los pasajeros, sino, también, de la propia nave, del capital de sus propietarios y a la salvaguardia de sus fabricantes. Claro, por supuesto, que significará un costo adicional de operaciones para las compañías de aviación, pero no les significará tanto, en cuanto obtienen enormes ingresos y pingües ganancias con las ventas de pasajes. Perder una fila de dos o unos más asientos de pasajeros, por la ampliación de la cabina de mando, no es muy significativo al lado de una vital mejora por objetivos. Ha habido, pues, una concatenación de hechos que han conducido a la consumación de tan terrible tragedia, que ha enlutado a muchos países y consternado a todo el mundo. Cualquier cantidad de dinero que se entregue a los deudos será ínfima al lado del inmenso dolor que embarga a sus seres queridos. Los acompañamos en su sentimiento de todo corazón. Fernando Rivera Lazo.
 
   
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